Sunday, November 07, 2010

Cuando los amigos poetas se van...

*Foto: Poeta Gilberto Santana, sentado en la cuarta silla. (De izquierda a derecha).

Por Aristarco Azul

Es lamentable que se nos fuera el poeta Gilberto Santana. Un hombre sencillo, moreno, en su frente y rostro se miraba el sol como en un espejo, sus ojos hondos, pómulos pronunciados con lentes blancos, su mirada triste empavonada por la luz diaria y la soledad, labios gruesos y sin algunos dientes frontales, con una libreta de apuntes bajo el brazo donde también horneaba sus versos, con camisa a cuadros, un pantalón oscurecido por el tiempo, y su hablar seguro en poesía nata.
Pisoteando las bolsas de basura en cada esquina, pensativo, discreto, esperando la lluvia de cada invierno y la docilidad del verano, oyendo los sábados más alegres con música de trovador entre los vacíos merenderos, llenos de sencillos hambrientos ante la inquietud de su estómago con los deseos de comer.
Atormentado por la podredumbre, que vagando en todos los rincones de las calles de San Salvador, entregó su vida, levantando de cada cuadra, las figuras poéticas para hilvanarlas con sus versos enamorados del amor, mezclados con los cíclicos y redundantes porvenires de la vida descollante, enredados con los deprimentes deleites de la perdición, atados al purgante delirio del olvido que todos los hombres depositamos; los hombres faltos de amor, de cariño y de algunos brazos que nos contemplen; ahí sus lágrimas como saliendo de volcanes encendidos, erupcionados por el hambre, el frio y la devastación de sus cordilleras.

Gilberto Santana, con su lamento de volcanes, con esas grietas sangrantes de lava ardiente, las convirtió en poesía, de amor, para que todos sintiéramos el sabor de la poesía de poesía, con el verdadero sentimiento de cómo se escribe, se teje e hilvana como ya lo mencionó Salarruê.
Para él, su porvenir era embellecer la fuente de creación perfecta con su poesía, y también el cómo construir ese lino del camino de las figuras literarias, ya que sus experiencias lo condujeron a procrear la textura en cada verso escrito, ya que buscó en el sendero de los necesitados y hambrientos de amor y los sedientos de calor humano, no solo hombres, también las mujeres que disfrutan deleitar a los deseos del placer del hombre mismo. Ahí, donde está la efervescencia, el yacimiento de esencia de la esencia de nuestra existencia y por el cual muchos morimos, queriendo encontrar algo nuevo y que a sabiendas de las consecuencias, nos perdemos siendo fieles, depositando los sentimientos, retrayendo nuestros pensamientos reprimidos, ahogándolos en una cerveza y en brazos de muchas desprotegidas.
Con el pelo cano. Decorado por los rayos de luna, hilvanados por los láseres solares del mediodía, que le hacían brillar su tez, en su frente reflejando su color mestizo donado por sus ancestros, reflejando el valor nato de nuestro pulgarcito centroamericano, ahí estarán por y para siempre.
Sus pisadas estarán como huellas en la 10a. avenida esquina y 5a. calle poniente donde lo conocí. Ahí donde su marcha contante, cotidiana algunas veces con su amigo el filósofo poeta Ulises Masis, con quien disfrutaba los deleites del paseo, a veces nocturno, parecían como dos faroles de la gran urbe de de nuestro país, que ambos deambulaban, a su vez absorbían y absolvían qué poemas escribir, a la hora que dialogaban con las musas de sus creaciones perfectas, sin olvidar a sus enamorados, Federico García Lorca, Rubén García Sarmiento , Chico Gavidia y nuestro angular comprometido Roque Dalton García.
Perecía que los acompañaba la diosa de la música Santa Cecilia, incitándolos a escribir por placer, sentados en cada esquina, bajo los árboles de almendros de la quinta avenida, guiados por su sacrificio, perpetuado en su vaivén de amaneceres peregrinos, viendo pasar las manifestaciones, de sindicalistas vendidos, de políticos gritones, de carros y chocabuses, digo la ruta treinta y ocho, soportando la substancia del carbono pitido impregnado en la avenida Cuscatlán.

Ahí, donde está la respuesta, a la que nuestro antecesor Alberto Masferrer, dejó advertido en su momento, y que los grandes se han lucrado, estableciendo más autorizaciones para que puedan funcionar junto a un centro educativo, para que los hombres nos embrutezcamos .
Y, nuestro mínimo salario dejemos en dichos centros de perversión, alimentándonos con telenovelas para aumentar nuestras desastrosas y fraudulentas crustáceas vidas, en esas puertas donde esperan enseñando, celulitis y pechos apretados con cintura, de tamaños cuarenta,treinta y noventa centímetros de nalgas, ansias de los desposeídos de amor, calles de cuna de andariegos Gilberto Santana y Ulises Masis. Con la mano derecha en el corazón de la mente para escribir poesía y con la mano izquierda sosteniendo su lápiz del hambre para pasar el día, donde Dios cedió sabiduría para que se alimentaran de ideas profundas para el verso
Alegría que jamás se les negó, alimento perfecto, de poetas en pleno siglo XX, ahora Gilberto Santana el S.XXI. Ahí el frío serpentino los abrazaba, a su antojo bajo las estrellas y luna que los ayudó a que sus pliegues de la piel los dominara, pliegues que no fueron arrugas sino huellas que dejaron sus lágrimas de dolor junto a su rostro, también de satisfacción de sus adónicos, con temple de todo poeta enamorado de sus escritos versados en su cielo que los protegía junto el frenesí diario.
Digamos los poetas hermanos en la poesía, andaban juntos, los conocí juntos en la misma reliquia San Salvador; que discutían, eran humanos; me refiero que sus calles eran las mismas que transitaban, pero distintas en su trajinar, y ambos poetas románticos, poetas de la vida. Digo poetas de poetas.
¿Quién sabía que eran constructores de poesía? Ellos y algunos otros que los conocíamos.
¿Encontraron juntos el sabor de la poesía, junto al dolor de los pobres que son felices dentro de esos múltiples burdeles?
¡No…! Dios se las había dado como premio de su forma de pensar y concebir la vida.
Están dentro del jardín de los poetas en el hades de Platón (Topus Uranus).
Gilberto y Ulises. Espérennos, ahí llegaremos, por que sabemos que están haciendo poesía…


*Foto de archivo cortesía de Revista INSAL