martes, julio 15, 2008

EL DESEO DE FRANCISCO*



Vanessa Elizabeth Aragón**


Había una vez, en una pequeña ciudad, un niño llamado Francisco, el cual vivía con una familia muy conflictiva. Francisco, era un niño muy bueno, le gustaba estudiar mucho, le ayudaba a las personas que lo necesitaban y le guardaba respetar a todos. Pero su vida familiar era muy triste, ya que su papá era muy violento y le pegaba mucho a su mamá.

Un día Francisco, muy triste decidió escaparse de su casa, porque él ya no soportaba vivir de esa manera, ya que en vez de recibir cariño recibía golpes y malos tratos. Así un día cuando cayó la noche, Francisco se salió por la ventana de su cuarto y emprendió su camino. Sorprendiéndole la lluvia y el frío, Francisco caminó por un largo rato sobre la calle que conducía a las afueras de la ciudad, cuando llegó al final de la calle se encontró con un inmenso bosque. Como era todavía de noche y la larga caminata le había dado sueño, decidió dormir un rato detrás de un árbol muy grande.

Cuando amaneció, Francisco emprendió de nuevo el viaje, adentrándose en el espeso e inmenso bosque. De pronto, en su camino se encontró con una pequeña ardilla, la cual le preguntó:

— ¿Cómo es posible que un niño tan pequeño ande solo por estos lugares?

— Es que prefiero andar solo, ya que en mi hogar no soy feliz — contestó el niño.

— ¿Y por qué no eres feliz? —preguntó la ardilla.

— Porque en mi casa, mi papá pasa peleando con mi mamá y mis hermanos. Y a mí eso me da mucha tristeza, porque mis amigos son felices y yo no — contestó el niño.

— Ah!, ya veo —dijo la ardilla.

— Bueno, ¿y tú cómo te llamas? —preguntó el niño.

— Yo me llamo Toby, ¿y tú?

— Francisco.

Desde ese momento, Francisco y Toby, fueron amigos y juntos comenzaron a adentrarse cada vez más en aquel bosque. Caminaron y caminaron hasta llegar a un pequeño charco donde se sentaron a descansar un rato. De pronto escucharon un ruido entre los arbustos, ambos se acercaron a ver por un huequito y miraron que un sapo grande le quitaba la comida a una lagartija pequeña. Francisco le preguntó de una forma seria al sapo:

— ¿Por qué haces eso?

— Porque tengo mucha hambre —respondió el sapo.

— Y si tienes hambre ¿por qué no consigues tu propia comida? —cuestionó Francisco.

— Porque es muy difícil y es más sencillo quitársela a los demas —dijo el sapo.

— Pero, ¿tú sabias que robar es malo? — siguió cuestionando Francisco.

— No!— contestó el sapo.

— Entonces hoy ya sabes que robarle a los demás es malo, ya no lo hagas, consigue tu comida con tu propio esfuerzo, así como lo hace la pequeña lagartija—dijo el niño.

— Está bien! —dijo el sapo— ya no lo haré más.

Entonces el sapo le pidió disculpas a la lagartija y le prometió no volverle a quitar su comida y desde ese momento, el sapo y la pequeña lagartija fueron grandes amigos.

Francisco y Toby siguieron aventurándose más en el bosque. En su camino se toparon con un tronco de árbol muy llamativo, ya que el tronco tenía puerta, ventanas y una chimenea. Toby se acordó que en ese tronco vivía una familia de mosquitos. Al ratito de haber llegado a ese lugar, escucharon un llanto, entonces se pusieron a investigar de donde provenía dicho llanto y se dieron cuenta que el llanto procedía de la casa de los mosquitos.

Se acercaron a ver y miraron a dos pequeños mosquitos que estaban en el patio de la casa. La pequeña mosquito era la que lloraba, ya que su hermano le estaba rompiendo la muñeca con la que jugaba. Toby, al ver esto, le dijo al pequeño mosquito:

— ¿Por qué rompes el juguete de tu hermana?

— Porque es muy divertido, le respondió el pequeño mosquito.

— ¿A ti te gustaría que te arruinaran tus juguetes? —le preguntó Francisco al mosquito.

— Claro que no! —respondió el mosquito a Francisco.

— Entonces no arruines las cosas de los demás, mucho menos la de tu hermana —le dijo Francisco al pequeño mosquito —. Ustedes deben quererse y apoyarse mutuamente. No deben pelear ya que eso es malo.

El pequeño mosquito se sintió muy mal y le pidió disculpas a su hermana, le prometió no volver arruinar sus cosas y le arregló la muñeca que le había dañado.

Francisco y Toby se sintieron felices por lo que habían hecho, y con la felicidad que sentían siguieron caminando. Pasaron por varios senderos, cruzaron muchos riachuelos y hasta escalaron una que otra colina. Cansados por la caminata se detuvieron por un momento a descansar. De repente, Francisco escuchó a lo lejos un montón de vocecitas que gritaban alegremente, llenos de curiosidad se dirigieron orientados por el ruido y llegaron hasta donde había una gran roca, ahí estaban reunidos todos los insectos del bosque, ya que había un juego amistoso entre pulgas y grillos. Cuando comenzó el juego, Francisco y Toby, observaron que los grillos golpeaban y empujaban a las pulgas. Y por eso iban ganando los grillos. Entonces Francisco les dijo a los grillos: — ¿Por qué juegan sucio?

— Es que así ganamos, dijeron los grillos.

— ¿Y si intentan ganar sin hacer trampa? —interrogó a los grillos, Toby.

— Es mejor haciendo trampa porque así ganamos y todos nos admiran —respondieron a Toby los grillos.

— Y si los admiraran porque ganan sin hacer trampa, ustedes se sentirían mejor —les dijo Francisco a los grillos. Acuérdense — prosiguió el niño— que hay que jugar sin violencia. Es mejor jugar sanamente y felices.

Entonces los grillos tomaron conciencia y jugaron sin trampa. Aunque perdieron, los demás les aplaudieron y los admiraron más porque jugaron limpio.

— Muchas gracias! — dijeron los grillos a Francisco y a Toby— por abrirnos los ojos y hacernos ver que la violencia no nos lleva a nada.

Así Francisco y Toby siguieron su camino, como estaban cansados se sentaron un rato. Francisco se sentía muy feliz por ayudar a los demás, pero a la vez se sentía muy triste porque extrañaba a su familia. De tan cansados que estaban se durmieron y a la mañana siguiente cuando Francisco despertó, al lado suyo se encontraba una cajita de cristal, la cual tenía una nota que decía:

— "Francisco, he visto que eres un niño muy bueno, que se preocupa mucho por los demás, por eso te voy a cumplir un deseo, lo único que tienes que hacer es poner dentro de la cajita un pétalo de rosa y pedir con todo el corazón lo que más quieras". Te deseo suerte, Toby.

Asi lo hizo Francisco, su deseo fue el siguiente: “Deseo que haya paz y armonía en mi casa y en todo el mundo".

Al día siguiente, Francisco, apareció en su habitación y pensaba que todo había sido un sueño. Bajó a la sala y encontró a su familia conversando alegremente como si nada hubiera pasado. Francisco, al ver aquella escena tan deseada por él, el de una familia unida, corrió a abrazar a cada uno, les dijo cuánto los quería. Cuando terminó de conversar con ellos, Francisco, subió a su habitación a arreglarse para ir a la escuela, la sorpresa que se llevó fue que encontró la cajita de cristal, que Toby le había regalado, sobre su cama. Fue allí donde se dio cuenta que no había sido un sueño. Desde aquel día fueron una familia unida que vivió feliz, en un ambiente basado en el amor, el respeto y paz.





*Cuento ganador, categoría juvenil del certamen "Eliminemos la violencia", auspiciado por CONCULTURA y la Corte Suprema de Justicia de El Salvador en 2007.

** Integrante fundadora del Taller Literario Los Poetas del 5 de la Casa de la Cultura de Soyapango.