Friday, September 19, 2008

UNA NUEVA ORACIÓN A LA BANDERA


Foto: La banda Nuestros Ángeles de El Salvador,
Desfile de las Rosas, Pasadena, California.

Miguel Huezo Mixco
(Poeta y escritor salvadoreño)

La "Oración a la bandera", escrita por David J. Guzmán, no ha sido la única de la historia salvadoreña. A principios del siglo pasado, los poetas Carlos Bustamante, José Valdez, Juan José Cañas y Francisco Gavidia, entre otros, escribieron emocionadas estrofas dedicadas a aquella insignia llamada a ser el lazo de identidad más visible entre los miembros de la comunidad salvadoreña. La enseña azul y blanca –inspirada en la bandera de las milicias salvadoreñas que pelearon contra la anexión a México-- vino a sustituir a la bandera nacional copiada de la de los Estados Unidos.

Había pasado casi un siglo desde la Independencia y el país necesitaba inventarse sus propios signos de identidad. La declamación a coro del poema de Guzmán ha sido parte de una tradición ya casi centenaria, iniciada en 1915, cuando el gobierno decidió iniciar el culto a la bandera entre la población escolar, aduciendo que ese era uno de los medios más sugerentes para "vivificar y fortalecer en el corazón de los salvadoreños, el sentimiento de amor a la patria".

La Oración de Guzmán saltó a la fama en 1924, cuando resultó ganadora en un concurso literario. Como lo ha demostrado Carlos Cañas-Dinarte, el texto fue muy retocado en su estilo antes de ser adoptado por el Ministerio de Instrucción Pública y convertido en un símbolo patrio no oficial.

Su autor fue un intelectual influyente, talentoso y racista que creía en la supremacía de la raza blanca. En cierto modo, aquel poema nos habla de un país que ya no existe, o que quizás nunca existió, como cuando el sabio Guzmán parece mirar trigales ("en tus campos ondulan doradas espigas") donde con toda probabilidad había maizales.

La primera estrofa, que comienza con un "Dios te salve...", como el Ave María, le canta al territorio y el sistema político. En nuestros días, ambos han sufrido cambios que ni un sabio como Guzmán podía imaginarse. La globalización y la actividad económica y social de los migrantes han "desterritorializado" a El Salvador: su sociedad no está constituida solamente por la porción de población que vive dentro de los límites geográficos salvadoreños. El sistema político mismo necesita reformas urgentes para que el 20% de los salvadoreños que viven fuera tengan una participación efectiva y decisiva en el rumbo del país. El verbo “patria” ahora también se conjuga en inglés.

La segunda estrofa --"Tú tienes nuestros hogares queridos/ fértiles campiñas/ ríos majestuosos..."-- exalta la belleza y la productividad del campo salvadoreño. Ahora, la actividad agrícola del país pasa por un mal momento. La agroexportación representa solo un 8 por ciento de las divisas que ingresan a las arcas nacionales. Donde ayer se contemplaban cultivos hoy se miran tierras ociosas. El Censo 2007 indica que el país se vuelve cada vez más urbano. Como lo predijo David Browning, la salvadoreña será la primera sociedad urbana de América Latina.

Contradicciones, anacronismos y paradojas como las advertidas son parte de la savia de las tradiciones nacionales, no sólo en El Salvador, sino en todo el mundo. Como a los abuelos, se les debe respeto. Pero eso no significa que las tradiciones sean incuestionables como dogmas de fe. Las tradiciones no nacen espontáneamente. Se inventan, se producen. Pueden y deben cambiarse.

Desde el inicio del culto a la bandera azul y blanco hasta nuestros días ha pasado casi un siglo. Ahora, como entonces, el país necesita "inventar" nuevas tradiciones que nos hablen de la sociedad que ahora somos. Por ejemplo, promoviendo una nueva "oración" --un canto cívico, un saludo-- a la bandera.


(Texto publicado en La Prensa Gráfica, 18 septiembre 2008).