Friday, May 01, 2009

Ponencia: "El espejo, los sueños y la memoria"



Borges • Lacan

A cargo de: Lic. Literatura Néstor Otero y Lic. Psicología Juan Pablo Mollo
19 de julio de 2002.
Teatro El tablado.
Bahía Blanca.

I

Néstor Otero comienza su ponencia destacando que tanto Lacan como Borges son escritores para la relectura y que ambos arriban con rigor a núcleos temáticos afines a diversas disciplinas.
Afirma que Borges es un autor de obra muy pareja, constante en cuanto a sus ideas principales. Con frecuencia, en sus prólogos y epílogos se presenta como un autor monótono, reiterativo y aburrido, condenado a una escritura que repite viejas lecturas por ser “la lengua es un sistema de citas”. Lo curioso es la variedad de tratamiento de ciertos temas centrales como el espejo, los sueños y la memoria.
Enfatiza que Jorge Luis Borges, por su peculiar manejo idiomático, sumado a una erudición interdisciplinaria, es el mejor escritor de la lengua española. Su obra integra un sistema que excede el campo literario, por eso lo compara con otros autores universales como Shakespeare, Homero, Joyce y Dante, que son patrimonio de la humanidad porque construyen un sistema de significados originales sobre problemas de ética, estética, lingüística, religión, filosofía, mitología, etc.
Posteriormente Néstor Otero presenta un novedoso esquema conceptual, con eje en el problema de la identidad y un alcance antropológico que permite secuenciar y articular toda la obra de Borges. Alude inicialmente al mito de Proteo, una de sus recurrencias preferidas, porque éste, como el hombre, transita sus días mudando de apariencias en la persecución de un rostro definitivo.
Nos recuerda que Borges se complace en negar su identidad. Otra paradoja del autor que bajo su nombre simboliza ante el mundo toda la literatura argentina. Considera que la ostentación de un yo eufórico, es un énfasis agresivo, propio de quienes se resignan a una sola de las facetas del infinito laberinto. Rechaza el yo como unidad conceptual para recuperar ideas clásicas en la literatura europea, que trabajan imaginativamente entre otros autores Shakespeare y Calderón. Para ellos, vivir, soñar y representar son sinónimos que permiten atenuar la delicada zona que confunde la vigilia con el sueño. La vida onírica se rescata y se recorta por la acción complementaria de la memoria y del olvido, pero choca contra el espejo provocando el infinito desdoblamiento del laberinto.
Para Borges el sujeto no alcanza identidad estable porque la vida es una cronología de facetas que se alteran con cada nueva interrogación ante el espejo. Hay una feliz asociación en Borges entre el problema de la identidad y la lectura. El hombre curioso, asombrado ante todo nuevo estímulo, no tiene identidad, como no puede tenerla el auténtico lector, que entregado plenamente a su lectura asume como propio el rostro del héroe que le entrega la novela. Néstor Otero formula que el arquetipo humano para Jorge Luis Borges es el hombre lector. Deambula en forma imprecisa entre el espejo y la memoria, entre los sueños y las representaciones que le ofrece el arte. Como el actor, el lector pierde voluntariamente su inasible identidad para ser alguien, mientras las luces oscurecen al público y aclaran la escena (Everything and nothing). De esta manera, Borges retoma el desafío de Shakespeare: “Viviré de olvidarme” puesto que el poeta es también el equivalente literario del actor.
La temporalidad en la que se diluye la búsqueda de una identidad, tiene para Jorge Luis Borges constantes conceptuales referidas a la división clásica de la duración: el pasado es el momento que activa las funciones de la memoria y del olvido, el presente es espacio fértil para la fe y la esperanza y el futuro es la incógnita que alienta el temor y el deseo de eternidad.
Desde la lectura de poemas como Ajedrez, El Golem, o Poema de los dones o de narraciones como Las ruinas circulares, Néstor Otero señala que el Dios de Borges se aproxima al precario y circular destino humano. Dios, en persecución de su identidad se pregunta: “¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza, de polvo y tiempo y sueño y agonías?”


II

Juan Pablo Mollo comenzó su exposición tomando la nota a pie de página del texto Lacan sobre La carta robada donde es citado Jorge Luis Borges (Escritos I Pág.17). Según su opinión, esta referencia es un homenaje al escritor argentino, puesto que no se trata de una cita convencional sino la oportunidad de Jacques Lacan, para decir que la obra de Jorge Luis Borges es armónica con el hilo de su enseñanza.
Para fundamentar su hipótesis, Juan Pablo Mollo articuló la referencia a la obra de Borges con el lugar del texto sobre La carta robada dentro del conjunto de los Escritos de Lacan.
De publicación en 1966, los Escritos comienzan con el texto sobre La carta robada, redactado en 1955, luego continúa un prólogo titulado De nuestros antecedentes y a continuación los siguientes textos que se ordenan más o menos cronológicamente.
El texto sobre La carta robada, en ese singular orden de compaginación, es presentado luego de una breve “Obertura a esta recopilación”, el detalle es que obertura significa primera parte de una sinfonía, cuya armonía se repetirá a lo largo de la obra.
De esta manera Juan Pablo Mollo concluye: “La carta robada es la melodía que se repetirá en toda obra de Lacan, y es en esa repetición que la obra de Jorge Luis Borges es armónica con su enseñanza, puesto que éste, con algunos temas centrales, compone en su reiteración, toda la variada música de poemas, cuentos y ensayos”
Posteriormente y a modo de introducción al título del encuentro, Juan Pablo Mollo recordó las conferencias de Oscar Masotta, en 1969, versadas sobre el texto sobre La carta robada, y concluyó: “El inconsciente es una memoria que nos pone en un lugar que ignoramos pero que tiene que ver con lo que fuimos para nuestros padres y la historia de nuestros antepasados. Somos un eslabón de un circuito con una inercia simbólica que nos determina como el oráculo de Delfos”
El inconsciente es una memoria que habla y se revela enmascarada a través del olvido. El olvido es el disfraz de la memoria.
¿Qué revela la memoria? La verdad del deseo puede ser revelada si hay un analista que lo interprete, Jacques Lacan oponía la palabra plena reveladora del deseo frente a la palabra vacía como un hablar sin decir. La verdad revelada no es la verdad como adecuación o referencial, es decir: no importa si miento o digo la verdad, o si es verdadero o falso, sino lo que se revela en la palabra.
A continuación Mollo retomó lo dicho por Germán García “el inconsciente freudiano es realista porque se parece a la Memoria Sagrada de los griegos donde las palabras son las Musas que dicen la aletehia”.
Retomando la hipótesis de Jaques Lacan “La represión viene del futuro” (Seminario I, Pág. 239) indica la singular temporalidad del inconsciente como olvido y paradójicamente vinculado al futuro: “El inconsciente es ese capitulo de mi historia que está marcado por un blanco u ocupado por un embuste: es el capítulo censurado. Pero la verdad puede volver a encontrarse; lo más a menudo ya está escrita en otra parte” (Discurso de Roma Pág. 249) Por eso, enfatizó Mollo, el olvido es la memoria más tenaz.
Destacó que el pasado no es la historia porque ésta, es el pasado historizado en el presente: “El modo en que se ordena el pasado, determina lo siento en el presente, por eso analizar es construir un pasado que supone previamente asumirlo.”
La memoria inconsciente se expresa de modo sutil y literal, en contra de las intenciones de la conciencia. ¿Qué es la conciencia? Es Yo, cuya función, según Jaques Lacan, se constituye en el espejo. Si “yo es otro” como decía el poeta, entonces donde más me afirmo como yo y mis identificaciones, más me desconozco como sujeto del inconsciente.
Notamos que el problema de la identidad, como dice Jorge Luis Borges, no se resuelve en el espejo. Pero además hay un problema: la envidia y la agresividad no han de faltar cuando Narciso se mira en el espejo del mundo, el Yo espectralmente está condenado a una lógica de suicidio y asesinato.
Luego Juan Pablo Mollo refirió: “Los sueños son como el olvido, una metáfora de otra cosa. Lo que para otros es una improvisación arbitraria para Freud es un texto sagrado donde no importa su valor pictórico sino su relato, porque el sueño es la realización de un deseo. Analicen sus sueños, verán que surgen cosas insoportables y se darán cuenta que la conciencia es selectiva y la realidad construida” y para concluir comparó, desde Freud, la formación del sueño con el hongo y el micelio: “el contenido manifiesto es un disfraz, el micelio y el espejo; mientras que la formación del sueño comienza desde el tronco del hongo, los pensamientos latentes de la memoria. El sueño, los sueños, están entre el espejo y la memoria.”

www.bahiamasotta.com.ar/bibliovir/espejo.doc

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