Thursday, August 09, 2012

¡Viva Cuba!...¡Viva la humanidad!

Fragmentos del Discurso de Fidel Castro en la ONU.
(12 de octubre de 1979).

Señor Presidente, distinguidos representantes:

Se habla con frecuencia de los derechos humanos, pero hay que hablar también de los derechos de la humanidad.
¿Por qué unos pueblos han de andar descalzos para que otros viajen en lujosos automóviles? ¿Por qué unos han de vivir 35 años para que otros vivan 70? ¿Por qué unos han de ser míseramente pobres para que otros sean exageradamente ricos?
Hablo en nombre de los niños que en el mundo no tienen un pedazo de pan (APLAUSOS); hablo en nombre de los enfermos que no tienen medicinas; hablo en nombre de aquellos a los que se les ha negado el derecho a la vida y la dignidad humana.
Unos países tienen mar, otros no; unos tienen recursos energéticos, otros no; unos poseen tierras abundantes para producir alimentos, otros no; unos tan saturados de máquinas y fábricas están, que ni respirar se puede el aire de sus atmósferas envenenadas (APLAUSOS), otros no poseen más que sus escuálidos brazos para ganarse el pan.
Unos países poseen, en fin, abundantes recursos, otros no poseen nada. ¿Cuál es el destino de estos? ¿Morirse de hambre? .¿Ser eternamente pobres? ¿Para qué sirve entonces la civilización? ¿Para qué sirve la conciencia del hombre? ¿Para que sirven las Naciones Unidas? (APLAUSOS). ¿Para que sirve el mundo?
No se puede hablar de paz en nombre de las decenas de millones de seres humanos que mueren cada año de hambre o enfermedades curables en todo el mundo. No se puede hablar de paz en nombre de 900 millones de analfabetos.
¡La explotación de los países pobres por los países ricos debe cesar!

Sé que en muchos países pobres hay también explotadores y explotados.
Me dirijo a las naciones ricas para que contribuyan. Me dirijo a los países pobres para que distribuyan. ¡Basta ya de palabras! ¡Hacen falta hechos! (APLAUSOS) ¡Basta ya de abstracciones, hacen falta acciones concretas! ¡Basta ya de hablar de un nuevo orden económico internacional especulativo que nadie entiende (RISAS y APLAUSOS); hay que hablar de un orden real y objetivo que todos comprendan!
No he venido aquí como profeta de la revolución; no he venido a pedir o desear que el mundo se convulsione violentamente. Hemos venido a hablar de paz y colaboración entre los pueblos, y hemos venido a advertir que si no resolvemos pacifica y sabiamente las injusticias y desigualdades actuales el futuro será apocalíptico (APLAUSOS).
El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se puedan resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos y en el holocausto morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo (APLAUSOS).

Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era. Esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo. Esa es, además, la premisa indispensable de la supervivencia humana.

¡Muchas gracias!

Saturday, August 04, 2012

El Narcisismo de la Cultura



César Berbesí.


Con la mención de “cultura” se espera que la comprensión del observador se centre en el “proceso que nos hace hombres” y en la impronta humana estampada en el ambiente que le es consustancial, siguiendo así, de cerca, una definición de Max Scheler. El narcisismo aquí considerado tiene que ver -- aparte de la parcialidad a ultranza hacia los patrones culturales propios sobre los de cualquiera otra civilización, que es como primero puede entenderse-- con rangos diferenciales en la calificación de segmentos simultáneos de sentir, pensar, y de la producción del colectivo. Valga traer a referencia aquí los valores de lo englobado en los géneros “popular” o “aborigen”. Pero, principalmente, prestamos atención a un ejercicio incontenible por el cual la Intelligentsia, la seudo sensibilidad y la institucionalidad, en la Revolución Post industrial, autogeneran la producción cultural en orientaciones contrarias a la naturaleza objetiva de la sociedad que las soporta, y lo hacen valiéndose de procesos de reiteración ideológica explicitada, o acentuadamente subliminal, con la adopción de privilegios culturales que pudieran etiquetarse muy apropiadamente como narcisistas.
Nuestro procedimiento sigue una referencia permanente a la totalidad social, trascendiendo casi siempre los recortes condicionados de alcance o encuadre. En este caso, por supuesto, una delimitación tan amplia podrá irritar la sensibilidad cientificista apegada a acotaciones más estrictas. Debemos reconocer que no intentamos hacer ciencia académica convencional. Por decir, estimamos que el alcance del problema aquí rebaza sobradamente los temas habituales de la antropología en estas cuestiones, valga mencionar, a vía de ejemplos, las caracterizaciones definidas como etnocentrismo y eurocentrismo; que encuadran bien, para nosotros, en la condición de comportamientos narcisistas de la cultura dominante. Son muy recientes y han arrojado algunas recomendaciones epistemológicas para eludir en parte el sesgo valorativo típico de las ciencias occidentales a la hora de adelantar apreciaciones sobre otras culturas.
La idolatría desmesurada por la cultura propia fácilmente se aprecia desde el más lejano pasado, constituyéndose en un patrón adoptado como axiomático y necesariamente natural. Donde quiera que haya surgido un foco cultural de alguna jerarquía, en su interioridad se ha procedido a dibujar un mapamundi con una civilización reluciente dentro de sus fronteras y una difusa periferia muy asociada a la rusticidad y a la ignorancia.
Podría adoptarse como una aproximación, que el sentido yoista freudiano, y el “ello “ grotesco, brutal y ofensivo en su rededor se hayan extendido acérrimamente a todo el colectivo, hasta sobre determinar negativamente cualquier consideración relacionada con el bagaje cultural de otras sociedades, e incluso, del de otros segmentos de la misma población. En contraste, invariablemente se ha buscado preservar libre de cuestionamiento, el brillo, la exclusividad y autenticidad de la cultura propia, identificada, en todos los casos, por el gusto de los sectores hegemónicos.
Para ello, a la hora de las justificar la disparidad de tan notoria asimetría no se ha juzgado necesario aportar evidencias sólidas sino que, más bien, se han limitado a esgrimir motivaciones “trascendentales”, que se sugieren como enraizamientos en el ser mismo. Estas suelen sustanciarse como tradiciones transmitidas desde viejos tiempos en la forma de dosis de “sabiduría” o “revelación”. La profesión de fe en él único dios verdadero y omnímodo, y su estela de dogmas, ritos, preceptos y tabúes, lucen estupendos a la hora de enfrentar las huestes de ídolos ajenos y sus “infra culturas” respectivas. Esa, tal vez, puede ser la hiper valoración más constante porque por esa vía se han entronizado a su favor las más exaltadas categorías que se hayan acuñado, como la eternidad, que a todo precede y trasciende; y la bondad infinita, que se califica per se muy por encima de todo la habido, y lo que sobrevendrá, por si acaso.
Igualmente la filosofía, en su especulación continua de generación en generación, se ha encargado de refinar construcciones metafísicas que se ofrecen en pres digitaciones para dar garantía de integridad gnoseológica al orden cultural imperante, y de su exclusivismo además. En verdad puede decirse que son contadas las mentes abiertas que en aislados esfuerzos se han ocupado con alguna independencia de criterio a escudriñar y valorizar lo innatamente foráneo o, al menos, lo diferente, sin que, por otra parte, pueda decirse que hayan sido escuchadas con alguna “civilidad” por sus contemporáneos. No se reconoce en este punto disposición y alcance suficientes de la ciencia; ni tampoco, disquisición equilibrada en el libre pensamiento, en la filosofía.
En relación a las ciencias sociales, hay que admitir que avanzan con una lentitud sorprendente, dado su incipiente desarrollo. Hay a la vista demasiados temas esperando tratamiento y formalización fructíferos al más amplio nivel; y por la otra, su utillaje metodológico, aún en este nuevo siglo, luce todavía precario, tímido, confinado a estrechas parcelas. Pesa demasiado sobre el científico social de hoy la seducción de la elegancia formal del discurso matemático, que tanto ha impulsado a las ciencias físicas; y también, la recolección de evidencia empírica asombrosamente sofisticada de las ciencias naturales actuales. Buscar asirse a la cola de ese “expreso” le acarrea multitud de frustraciones a las ciencias sociales, el más grave de los cuales, sin duda, es el de mantener un tanto soslayados, en los ganchos del frigorífico, los asuntos centrales de su incumbencia.
Uno de esos temas medulares es, precisamente, la Cultura. Lo es por multitud de motivos. La cultura es una práctica decantada de todas las acciones humanas y que se vuelve de inmediato para aflorar como agente en la intervención sub siguiente. La pudieron otear así los estructuralistas en el siglo pasado cuando crearon la “superestructura” como el ámbito que consideraron idóneo para albergar y estudiar los aspectos del saber, el entender y el valorar y las formaciones que se conocen como las instituciones. Este esfuerzo teórico habilitó alguna comprensión de esas realidades, pero, por aparte, los científicos sociales se conmocionaron en una pírrica satisfacción al incorporar en su cuerpo teórico un capítulo permanente apuntando en esa dirección, y con “interesantes” nexos hacia la Teoría de Sistemas, que se había revelado como una herramienta fructífera en otros cotos del saber. No obstante, como sabemos, la Cultura es un proceso histórico. Como tal, su desarrollo es dialéctico y es en ese continuum donde interactúa la multitud de determinaciones simultaneas que deciden los acontecimientos. La jerarquización de ellas, para fines de estudio, debe valerse de métodos heurísticos concomitantes. Ante ese reto, la “dimensión diacrónica” asomada por el estructuralismo resultó decepcionante.
“La inhabilidad de la Inteligencia Racional para analizar el mundo social apropiadamente ha llevado a las ciencias positivistas a forzar un universo romo, cerrado a los acontecimientos irreductibles o complejos………Dicho en pocas palabras: ante la dificultad de operar con una realidad rica en situaciones sui géneris, la estrategia del estatus se desvía a aplanar abusivamente esa realidad imponiendo simplificaciones mediocres. La riqueza en significaciones propia del mundo real que, por supuesto, sigue vivito y coleando y con todas sus contradicciones, es sistemáticamente desaparecida. Se canaliza la sensibilidad del hombre de la calle hacia lo intrascendente, hacia la bagatela.” 1
Lamentablemente es preciso hacer de lado aquí temas apasionantes que se desgajan limpiamente del narcisismo de nuestra Cultura. Una muestra sería la depredación cultural acaecida a lo largo de los siglos “heroicos” en la terrible expansión compulsiva de todos los imperios, cuando se redujeron a polvo y a silencio inimaginables logros del conocimiento y del sentir de los vencidos. Por ser eso territorio absoluto del enigma, duele menos; por lo irresarcible, desalienta la reclamación; pero sobre todo, que por haberse ido aceptando de modo general como fatalidad extendida a todos los sobrevivientes del planeta, deja de ser materia fructífera para nuestro tipo de debate. Es estimulante señalar, de todos modos, que minorías sensibilizadas trabajan cada vez más, y más ingeniosamente en la recuperación en lo posible de ese pasado. También se atiende más a la conservación de las culturas aún vivas; y de las derivaciones de estas, que se detectan inmersas y con algún vigor dentro del caudal cultural contemporáneo. Esta es la excepción, y minúscula; no la regla. Que eso quede claro.
Lo que si merece impostergable reseña sobre ese tópico, por ser actualidad pura, es que, en contraposición, la Cultura, hoy ya totalmente universalizada, imbuida por la ideología dominante, se aplica íntegramente para ampliar consumos al impulso que impone la acumulación capitalista, y arrincona y destruye a ritmos impresionantes los remansos y rasgos de todas las culturas genuinas que pudieran fungir como alternativa de comprensión en algún cerebro. Se trata de un neo-colonialismo que con la anuencia de los sectores locales asociados, valiéndose de un consenso sin debate, estandariza los íconos de la Cultura occidental para imponerlos en los rincones más apartados de la geografía. De trece mil lenguas nativas que quedan actualmente, preveen los expertos que solo sobrevivirán cinco mil dentro de escasos diez años. Detrás de cada lengua se va inexorablemente una cultura. Lo que queda es solo folklore-espectáculo al servicio de la ganancia de las trasnacionales del turismo.
La cuestión suprema en este punto es entender como una Civilización cada vez más trivializada, opaca y deficiente pueda pulverizar, por decir, en un santiamén, toda la diversidad cultural de cuna de hombres de distintas latitudes. ¿ Qué grado de exacerbación del narcisismo cultural es capaz de remover lealtades e identificaciones a menudo milenarias; no solo en culturas minoritarias, que pudieran resultar demasiado vulnerables; sino en verdaderas gigantes y refinadas como las asiáticas, cuya capitulación pasmosa corre en las últimas décadas sin que se levante una voz de explicación, o al menos de estupor ante un hecho insólito desde todos los milenios ? ¿ A la vista de tan brutales capacidades de desmantelamiento y colonialismo cultural, qué puede esperarse de las réplicas a orquestarse dentro de la sociedad capitalista misma ?
Va quedando relegado el vaticinio de Herbert Marcuse, consignado en El Hombre Unidimensional, que señalara a los marginados como el motor del detente eficaz ante la deshumanización generalizada impuesta por el capitalismo. Hablamos del repliegue táctico desde el proletariado --seleccionado por excelencia para ese rol hasta entonces-- hasta los sectores excluidos. La historia reciente abunda en intentos políticos fallidos y en diagnósticos y planes con esa intencionalidad estropeados. Podría asumirse que en tantos fracasos incidiera alguna inhabilidad de los protagonistas que asumieron el rol de progresistas. Pero eso no puede ser todo, y de pronto no ser siquiera un factor de relevancia. Solo en la historiografía elemental se encuentran explicaciones de los hechos basándose primordialmente en las habilidades de los líderes en lid.
Hoy día es axiomático que la inteligencia unicamente se puede enfrentar con inteligencia, y de la sobresaliente. El sistema capta todo el talento hacía la concreción de sus fines, desactivando subrepticiamente los escrúpulos en el individuo. Con ello cercena una mente prometedora a la humanización para asignarla a la destrucción armada, o a la propaganda envilecedora, o a la educación centrada en el mito, o la pura multiplicación de la ganancia, entre muchas otras ocupaciones con exigua o perniciosa trascendencia. Por eso en esta etapa de la historia la más urgente acción-respuesta a acometer ha pasado al ámbito cultural, sin desmedro de los otros. Ahora es preciso llevar a proporción ese narcisismo de la civilización alienatoria porque a través de él es que se entroniza en el hombre unidimensional la inversión sicológica que lo banaliza frente al apabullante cerco de imágenes todopoderosas que se le ha tejido. En pocas palabras, es preciso buscar que el espejismo científico-tecnico-consumista se haga añicos en la sicología del ciudadano. Para ello se requiere una sabiduría social limpia . Como ejemplo cercano invoquemos la siguiente cita: “Es inevitable, y necesario, que la Historia Inmediata sea una historia comprometida pero plural y profesional. Es decir, una historia honesta, como defendía Bloch en La extraña derrota”2
¿Qué inmensos desafíos pudieran toparse para la conquista de una sabiduría social limpia ? Sin una pizca de ambigüedad podríamos responder que muchos o pocos. Al desatarse una dinámica holista de transformación no hay caminos lineales, por tanto es ocioso hacer vaticinios con los tropiezos o las duraciones a lidiar. Puede figurársela como una carambola lograda a un número indefinido de bandas, afectada solo tangencialmente por eventos fortuitos esporádicos, donde el juego de contradicciones maduradas marca el régimen del acontecer. Es labor de la buena inteligencia ejercer un desempeño habilidoso para mantenerse a flor de ola como los mejores surfistas.
Dado que el “Welfare State”, y la “American Way of Life” son el gran señuelo para la adhesión de las masas al capitalismo salvaje; se impone que en la fase de incubación de una transformación, realmente de fondo, las condiciones materiales de la sociedad hayan debido llegar a cierto nivel de deterioro, o al menos una apariencia tal, de modo que su sufrimiento logre despertar la reacción opuesta por sobre la adicción alienante en poblaciones significativas.
No hay predicciones de simplismo agorero aquí. Un sencillo modelo matemático inobjetable hasta ahora indica que la viabilidad del sistema capitalista descansa en la factibilidad segura de mantenerse agregando un delta de rendimiento del capital para generar el nuevo capital ampliado. Como ese juego compulsivo exige adicionalmente condiciones de liberalidad en la movilidad de los actores, que siempre están tentados a retirar para sí la mejor de las tajadas, el resultado ha sido hasta ahora un conflicto perenne que arrastra a la sociedad en una carrera desenfrenada para incrementar sin límites los rendimientos extraídos a la tierra, a la mano de obra y a la tecnología, en progresión indefinida, y por tanto, finalmente insostenible. La realidad actual nos indica que es creciente el número de campos donde se nos viene encima el agotamiento, casi en tiempo presente, si lo referimos a los “tempos” usuales de los hechos históricos o naturales.
Aún en nuestra era de democracia representativa con dos siglos de ejercicio, , el poder, el real poder, que rara vez coincide con el del sufragio, conspira en contra de las mayorías igual que en los mejores tiempos del absolutismo. Extremadamente sagaz, maestro en el arte de la manipulación y el mimetismo, ha aprendido a hacer uso para su provecho, de todas las potencialidades de la civilización, de las alianzas sin fronteras, de las acciones encubiertas para “interés nacional”, de la coacción, de la tergiversación, y hoy, especialmente, de la información masiva, emblema de nuestros tiempos. En las etapas de crisis y de confrontación, el poder altera más abiertamente las normas de la convivencia venciendo escrúpulos hasta arrebatar derechos en carnicerías que luego permuta en heroicidades. Ese será el contrincante final a enfrentar forzosamente en la próxima gran crisis.
En la dimensión cultural, a más de las labores urgentísimas de redención y vivencia de los legados genuinos, debe estimularse a través de todos los canales posibles la sensibilidad multiestandard que active una dinámica de ejecución fecunda para el hombre mismo en muchos lugares y en varios niveles a un mismo tiempo. La piedra filosofal de toda acción con esa intencionalidad necesariamente ha de soportarse en una teoría crítica bien consistente como la asomara Max Horkheimer hace pocas décadas atrás. En definitiva, recalcamos, que el duelo es de talento, no de dogmas. Y como nunca antes.


Citas:

1 César Berbesí, Canto para un Indignado, Cap. XXIII, 2012
2 Carlos Barros Guimeráns , Cbarros@usc.es. Online 15/02/2006

Friday, August 03, 2012

La reinvención de Naciones Unidas, una organización indispensable




Miguel D'Escoto y Leonardo Boff.


Afirmamos que Naciones Unidas es una organización indispensable para la salvación del mundo a pesar de que estamos plenamente conscientes del poco éxito que ha tenido en todo el tiempo de su existencia. Esto no obstante, las instituciones deben ser evaluadas no por el número de cosas “buenas” que pueden haber hecho. La evaluación de toda institución siempre deberá ser basada en el cumplimiento o logro de su razón de ser. De hecho, cosas que objetivamente pueden ser buenas, institucionalmente, pueden llegar a ser consideradas sin éxito y darnos la engañosa ilusión de que todo marcha bien. Naciones Unidas fue creada con un único propósito: detener lo que se temía era una racha irreversible de conflictos bélicos como las dos grandes en la primera mitad del siglo XX. Se pensó que había que ponerse de acuerdo en un código de comportamiento civilizado entre las naciones y crear una instancia judicial para dirimir controversias sin tener que recurrir a guerras.
Se pensó también que además de respetar el imperio del derecho en las relaciones internacionales, era imprescindible desactivar una bomba de tiempo que más temprano que tarde podría estallar en otra guerra mundial aun más sangrienta que las dos anteriores: el hambre y la pobreza existentes ya hace 64 años. Éstas fueron las razones que llevaron a la suscripción de la Carta de San Francisco y a la creación de las Instituciones de Breton Woods, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que, en verdad, en vez de propiciar la superación de la pobreza en el mundo, han ayudado a profundizarla más. Cabe notar que en el tiempo de su creación, Naciones Unidas no tenía la conciencia de la cuestión ambiental y de las graves amenazas que en el futuro iban a desafiar a todos los pueblos. Buscaba con razón el Bien Común de todas las sociedades, que hoy, con la conciencia que tenemos, debe ser enriquecido con el Bien Común de la Tierra y de la Humanidad.
Analizada Naciones Unidas desde estos dos objetivos esenciales, no podemos dejar de constatar que lamentablemente no ha logrado sus propósitos. Esto se evidencia por el triste hecho de que a una obligación tan importante como la declaración del Estado Palestino sigue sin dársele cumplimiento y agresiones genocidas e invasiones, como las actuales contra Irak y Afganistán, siguen matando centenares de miles de personas, generalmente inocentes, con total y absoluta impunidad.
La inmensa mayoría de los habitantes de la Tierra considera a Naciones Unidas como una institución debilitada, inefectiva y hasta innecesaria. El país más poderoso de la Tierra, poco preocupado con el futuro ecológico de la Madre Tierra, ha ayudado a desmoralizar la Organización al no respectar sus decisiones y al comportarse como su dueño y manipular a su antojo al Consejo de Seguridad.
No obstante, aun reconociendo todas estas críticas como válidas, no dudamos en afirmar que la solución no está en olvidarse de Naciones Unidas. Es nuestra Organización. Fue creada en nombre de «nosotros los pueblos», y estos pueblos consideran abusivo y antidemocrático el privilegio que algunos países poderosos se arrogan de interponer vetos y así bloquear cuestiones fundamentales para el mundo.
Todo eso podemos y debemos cambiarlo si queremos que Naciones Unidas esté al servicio de la Paz y de la Vida, y que en ella se respete el principio de la igualdad soberana de todos los Estados Miembros; sin privilegios de ninguna clase para ninguno; donde decisiones que afectan a todos sean tomadas por todos y no sólo por el pequeño grupo que detenta el privilegio injusto de poner veto; una Organización en la cual todos sean igualmente obligados a abstenerse de cometer crímenes contra la dignidad de la Madre Tierra y de la Humanidad o, de lo contrario, atenerse a las consecuencias, independientemente de que sean o no sean parte de los tratados o protocolos pertinentes. El no ser parte de un tratado no equivale a tener una licencia para cometer el tipo de crímenes que el tratado pretende evitar.
Para salvar a Naciones Unidas hay que reflexionar un poco sobre cómo un desvío tan dramático de los propósitos fundacionales pudo ocurrir. No se puede negar que a los poderosos no les convenía tener una instancia más alta a la cual debieran someterse. En razón de esto, no se creyó en el imperio de la ley en las relaciones internacionales. Desgraciadamente la ley de la selva ¬es decir, el derecho del más fuerte- sigue dominando. Nos negamos a aceptar que algún país revindique excepcionalidad. La Madre Tierra no conoce un «Destino Manifiesto», porque todos los pueblos son sus hijos e hijas queridos, y todos, con igual dignidad y derechos, habitan la misma Casa Común.
A lo largo de los años, en la ONU se fueron introduciendo normas de procedimiento cuyo único objetivo fue limitar el poder de la Asamblea General, centro neurálgico de todo el sistema de Naciones Unidas, y reducir al presidente de la Asamblea General a una figura meramente protocolaria, a pesar de que, según la Carta, es el más alto funcionario de la Organización, con rango de jefe de Estado, y el Secretario General es sólo el jefe de la inmensa burocracia, sometido muchas veces a presiones insoportables por parte de los países pudientes.
Todo esto, sin embargo, se puede cambiar. El poder de la Asamblea General, del Grupo de los 192, puede ser rescatado y, en gran parte, lo fue durante el 63º período de sesiones. Este rescate del poder de la Asamblea General, es decir, la democratización de la ONU, es posible y debe continuar.
Para contribuir a este rescate del poder de "nosotros los pueblos" dentro de Naciones Unidas nos hemos propuesto trabajar en:

I Una Declaración Universal del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad como documento esencial para la reinvención de la ONU y que complemente la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Somos conscientes de que el excesivo antropocentrismo, codicia y egoísmo de la cultura dominante dificultará la adopción de dicha Declaración, pero se logrará.

II Una Carta de la Organización a tono con las exigencias del siglo XXI ,que deberá garantizar nuestra supervivencia promoviendo el Bien Común de la Tierra y de la Humanidad.

III La creación de un Tribunal de notables procedentes de las cinco regiones que integran Naciones Unidas, para conocer acusaciones de crímenes contra el Bien Común de la Tierra y de la Humanidad interpuestas por miembros de la Organización. Su funcionamiento sería similar al de la actual Corte Internacional de Justicia, con la diferencia de que las condenas no podrán ser ignoradas como hizo Estados Unidos en el caso interpuesto por Nicaragua en su contra en La Haya.

En esta oportunidad presentaremos únicamente nuestra propuesta de Declaración Universal. Posteriormente presentaremos las otras dos.


I. DECLARACIÓN UNIVERSAL DEL BIEN COMÚN DE LA TIERRA Y DE LA HUMANIDAD
Preámbulo


CONSIDERANDO que Tierra y Humanidad son parte de un vasto universo en evolución y que poseen el mismo destino, amenazado de destrucción por la irresponsabilidad y por la falta de cuidado de los seres humanos, y que la Tierra forma con la Humanidad una única entidad, compleja y sagrada, como queda claro cuando se la ve desde el espacio exterior, y que, además, la Tierra es viva y se comporta como un único sistema autorregulado formado por componentes físicos, químicos, biológicos y humanos que la hacen propicia a la producción y reproducción de la vida y que por esto es nuestra Gran Madre y nuestro Hogar común. Tomando en cuenta que la Madre Tierra es compuesta por el conjunto de los ecosistemas en los cuales generó una multiplicidad magnífica de formas de vida, todas interdependientes y complementarias, formando la gran comunidad de vida, y que existe un lazo de parentesco entre todos los seres vivos porque todos son portadores del mismo código genético de base que funda la unidad sagrada de la vida en sus múltiplas formas y que, por lo tanto, la Humanidad es parte de la comunidad de vida y el momento de conciencia y de inteligencia de la propia Tierra haciendo que el ser humano, hombre y mujer, sea la misma Tierra que habla, piensa, siente, ama, cuida y venera.

CONSIDERANDO que todos los seres humanos con sus culturas, lenguas, tradiciones, religiones, artes y visiones de mundo constituyen la única familia de hermanos y hermanas con igual dignidad e iguales derechos, y que la Madre Tierra providenció todo lo que necesitamos para vivir y que la vida natural y humana depende de una biosfera saludable, con todos los ecosistemas sostenibles, con agua, bosques, animales e incontables microorganismos preservados, y, además, que el que creciente calentamiento planetario puede poner en riesgo la vitalidad y la integridad del sistema Tierra y que graves devastaciones pueden ocurrir afectando millones y millones de personas y eventualmente inviabilizar la supervivencia de toda la especie humana.

RECORDANDO que hay que renovar y articular orgánicamente el contrato natural con el contrato social que ganó un rol de exclusividad y que propició el antropocentrismo e instauró estrategias de apropiación y dominación de la naturaleza y de la Madre Tierra, ya que el modo de producción vigente en los últimos siglos y actualmente globalizado no ha conseguido atender a las demandas vitales de los pueblos, generando por el contrario un foso profundo entre ricos y pobres.

CONSIDERANDO, finalmente, que la conciencia de la gravedad de la situación crítica de la Tierra y de la Humanidad hace imprescindibles cambios en las mentes y en los corazones y que se forje una coalición de fuerzas al rededor de valores comunes y principios inspiradores que sirvan de fundamento ético y de estimulo para prácticas que busquen un modo sostenible de vivir. Las personas, las instituciones, los líderes políticos, las ONGs, las religiones y iglesias que subscriben esta Declaración ven la urgencia de que se proclame la presente DECLARACIÓN UNIVERSAL DEL BIEN COMÚN DE LA TIERRA Y DE LA HUMANIDAD cuyos ideales y criterios deben orientar los pueblos, las naciones y todos los ciudadanos en sus prácticas colectivas, comunitarias y personales y en los procesos educativos para que el Bien Común sea progresivamente reconocido, respetado, observado, asumido y promovido universalmente en vista del bien vivir de cada uno y de todos los habitantes de ese pequeño planeta azul-blanco, nuestro Hogar Común.

Artículo 1 El Bien Común supremo y universal, condición para todos los demás bienes, es la misma Tierra que, por ser nuestra Gran Madre, debe ser amada, cuidada, regenerada y venerada como a nuestras madres.

I. El Bien Común de la Tierra y de la Humanidad pide que entendamos la Tierra como viva y sujeto de dignidad. No puede ser apropiada de forma individual por nadie, ni hecha mercancía, ni sufrir agresión sistemática por ningún modo de producción. Pertenece comunitariamente a todos los que la habitan y al conjunto de los ecosistemas.

II. El Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad exige proteger y restaurar la integridad de los ecosistemas, con especial preocupación por la diversidad biológica y por todos los procesos naturales que sustentan la vida.

III. El Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad es fortalecido cuando todos los seres son vistos como interconectados y con valor intrínseco, independientemente de su uso humano.



Artículo 2

Para asegurar el Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad es necesario reducir, reutilizar y reciclar materiales usados en la producción y en consumo, garantizar que los residuos puedan ser asimilados por los sistemas ecológicos y buscar el bien vivir a partir de la soportabilidad de los ecosistemas, en cooperación con los otros y en armonía con los ritmos de la naturaleza.

I. El Bien Común de la Tierra y de la Humanidad resulta de la utilización sostenible de los bienes renovables como agua, suelos, productos forestales y vida marina, de forma que puedan ser repuestos y garantizados para las actuales y las futuras generaciones.

II. El manejo de los bienes no-renovables, como minerales y combustibles fósiles, debe ser realizado de tal forma que disminuya su extinción y no dañe gravemente el Bien Común de la Tierra y de la Humanidad.


Articulo 3

Adoptar padrones de producción y consumo que garanticen la vitalidad y la integridad de la Madre Tierra, la equidad social en la Humanidad, el consumo responsable y solidario y el bien vivir comunitario.

I. El Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad requiere la utilización sostenible de las energías disponibles, privilegiando las matrices renovables y otras fuentes alternativas como la energía del sol, del viento, de las mareas y la agro-energía.

II. El Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad es potenciado cuando se disminuye al máximo la polución de cualquier parte del ambiente, de forma que se evite los efectos perversos del calentamiento planetario y no se permita el aumento de substancias radioactivas, tóxicas y de otras substancias químicas peligrosas.

III. El Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad no es compatible con la existencia de armas nucleares, biológicas y químicas y otras armas de destrucción masiva, que deben ser eliminadas totalmente



Artículo 4

La biosfera es un Bien Común de la Tierra y de la Humanidad y es patrimonio compartido por todas las formas de vida, de la cual los seres humanos son tutores.



Artículo 5

Pertenecen al Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad los recursos naturales, como el aire, los suelos, la fertilidad, la flora, la fauna, los genes, los microorganismos y las muestras representativas de los ecosistemas naturales y el espacio exterior.

I. El agua pertenece al Bien Común de la Tierra y de la Humanidad porque es un bien natural, común, vital e insustituible para todos los seres vivos, especialmente para los humanos que tienen derecho a su acceso, independientemente de los costos de su captación, reserva, purificación y distribución, que serán asumidos por el poder público y por la sociedad.

II. Los océanos son un Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad porque constituyen los grandes repositorios de vida, los reguladores de los climas y de la base física y química de la Tierra.

III. Los bosques pertenecen al Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad, contienen la mayor biodiversidad del planeta, la humedad necesaria para el régimen de lluvias y son los grandes secuestradores de dióxido de carbono.

IV. Los climas pertenecen al Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad porque son la condición esencial de la manutención de la vida y los cambios climáticos deben ser tratados globalmente y con una responsabilidad compartida.



Artículo 6

Pertenecen al Bien Común de la Humanidad y de la Tierra los alimentos en su diversidad y los recursos genéticos filogenéticos necesarios para su producción, sobre los cuales está prohibido todo tipo de especulación mercantil.



Artículo 7

Son Bienes Públicos de la Humanidad las energías necesarias a la vida, la salud y la educación, los medios de comunicación, la Internet, los correos y los transportes colectivos. Las medicinas producidas por laboratorios privados, después de cinco años pasan a pertenecer al Bien Común de la Humanidad y en emergencias pueden ser hechas inmediatamente públicas.



Artículo 8

Las actividades petroleras y mineras y los agro-carburantes deben estar sometidos a un control estatal y social en razón de los efectos dañinos que pueden tener sobre el Bien Común de la Humanidad y de la Madre Tierra.



Artículo 9

El gran Bien Común de la Tierra y de la Humanidad son los seres humanos, hombres y mujeres, portadores de dignidad, conciencia, inteligencia, amor, solidaridad y responsabilidad.

I. Hay que afirmar la dignidad inherente de todos los seres humanos y su potencial intelectual, artístico, ético e espiritual.

II. La misión de los seres humanos es cuidar y proteger la Tierra y la Humanidad como herencias recibidas del universo.

III. Las comunidades, en todos los niveles, tienen la obligación de garantizar la realización de los derechos y de las libertades fundamentales, creando las condiciones para que cada persona realice su pleno potencial y aporte al Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad.



Artículo 10

Pertenece al Bien Común de la Tierra y de la Humanidad todos los saberes, artes y técnicas acumuladas a lo largo de la historia.

I. El Bien Común de la Tierra y de la Humanidad requiere reconocer y conservar los saberes tradicionales y la sabiduría espiritual de todas las culturas que contribuyen a cuidar de la Tierra, a desarrollar el potencial de la Humanidad y a favorecer el Bien Común.

II. El Bien Común de la Humanidad pide ayudar con recursos financieros, técnicos, sociales e intelectuales a los pueblos pobres y vulnerables, para que alcancen un modo de vivir sostenible y colaboren con el Bien Común.

III. El Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad exige la erradicación de la pobreza como un imperativo humanitario, ético, social, ambiental y espiritual.

IV. La justicia social y ecológica no pueden ser disociadas porque ambas sirven al Bien Común de la Tierra y de la Humanidad.

V. Pertenece al Bien Común de la Tierra y de la Humanidad la equidad de género, la superación de todo tipo de discriminación, la protección de los niños y niñas contra toda violencia y la seguridad social de todos aquellos que no pueden mantenerse por su propia cuenta.



Artículo 11

Pertenecen al Bien Común de la Tierra y de la Humanidad todas las formas de gobierno que respetan los derechos de cada ser humano y de la Madre Tierra y propician la participación activa e inclusiva de los ciudadanos en la toma de decisiones, favorecen el acceso irrestricto a la justicia y cuidan del entorno ecológico.



Artículo 12

El Bien Común de la Tierra y de la Humanidad demanda que se protejan las reservas naturales, incluyendo tierras salvajes y áreas marinas, los sistemas de sustento de la vida en la Tierra, las semillas, la biodiversidad, y se rescaten especies amenazadas y ecosistemas devastados.

I. Controlar la introducción de especies exógenas y someter rigurosamente al principio de prevención a todos los organismos genéticamente modificados para que no causen daños a las especies nativas y a la salud de la Madre Tierra y de la Humanidad.

II. Garantizar que los conocimientos de los varios campos del saber que son de vital importancia para el Bien Común de la Tierra y de la Humanidad sean considerados de dominio público.

III. Es vedado patentar recursos genéticos fundamentales para la alimentación y la agricultura y los descubrimientos técnicos patentados deben guardar siempre su destinación social.



Artículo 13

Pertenecen al Bien Común de la Humanidad y de la Madre Tierra la multiplicidad de las culturas y de las lenguas, los diferentes pueblos, los monumentos, las artes, la música, las ciencias, las técnicas, las filosofías, la sabiduría popular, las tradiciones éticas, los caminos espirituales y las religiones.



Artículo 14

Pertenece al Bien Común de la Tierra viva y de la Humanidad la hospitalidad por la cual acogemos y somos acogidos unos a otros, como habitantes del mismo Hogar común, la Tierra.



Artículo 15

Pertenece al Bien Común de la Humanidad y de la Madre Tierra la socialidad y la convivencia pacífica con todos los con los seres humanos y con los seres de la naturaleza porque todos somos hijos y hijas de la Madre Tierra y somos corresponsables por el mismo destino común.



Artículo 16

Pertenece al Bien Común de la Humanidad la tolerancia que acoge las diferencias como expresiones de la riqueza de la única naturaleza humana y que no permite que tales diferencias sean consideradas como desigualdades.



Artículo 17

Pertenece al Bien Común de la Humanidad la comensalidad que expresa el sueño ancestral de todos los pueblos de sentarse juntos, como hermanos y hermanas de la misma familia, alrededor de la mesa, comiendo y bebiendo alegremente de los frutos de la generosidad de la Madre Tierra.



Artículo 18

Pertenece al Bien Común de la Humanidad la compasión por todos los que sufren en la naturaleza y en la sociedad, aliviando sus padecimientos y impidiendo todo tipo de crueldad a los animales.



Artículo 19

Pertenecen al Bien Común de la Humanidad los principios éticos del respeto a cada ser, del cuidado de la naturaleza y de la responsabilidad universal por la preservación de la biodiversidad y por la continuidad del proyecto planetario humano y los principios de cooperación y de la solidaridad de todos con todos partiendo de los mas necesitados, para que todos sean incluidos en la misma Casa Común.



Artículo 20

Pertenece al Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad la permanente búsqueda de la paz que resulta de la correcta relación consigo mismo, de todos con todos, con la naturaleza, con la vida, con la sociedad nacional y internacional y con el gran Todo del cual somos parte.



Artículo 21

Pertenece al Bien Común de la Humanidad y de la Madre Tierra la convicción de que una Energía amorosa subyace a todo el universo, sustenta a cada uno de los seres y puede ser invocada, acogida y venerada.



Artículo 22

Todos estos ideales y criterios del Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad prolongan y refuerzan los derechos humanos contenidos en la Declaración de los Derechos del Hombre proclamada en 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea de la ONU, que será ahora enriquecida con los derechos de la Madre Tierra y de la Humanidad.



Fuente: http://www.loquesomos.org/joom/index.php?option=com_content&view=article&id=5372:la-reinvencion-de-naciones-unidas-una-organizacion-indispensable-&catid=160:en-portada

Thursday, August 02, 2012

Desafíos sociales y ambientales


Frei Betto.
Alainet.
(Archivo)


Un documento divulgado en diciembre del 2011 por el Proyecto Milenio, que monitorea los Objetivos del Milenio establecidos por la ONU, constata que en la última década la mortalidad infantil se redujo a nivel mundial un 30 %; aumentó la escolaridad en la enseñanza media y disminuyeron los conflictos armados.
Los principales problemas globales en la década actual son: los cambios climáticos, la corrupción, el terrorismo y el narcotráfico. En el 2010, el 90 % de los desastres naturales fueron causados por los cambios climáticos, que segaron la vida de 295 mil personas, con un perjuicio económico de US$ 130 mil millones.
En junio el Brasil acogerá, en Rio de Janeiro, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sustentable (Rio+20). Paralela al acontecimiento oficial se celebrará la Cumbre de los Pueblos, que congrega a los movimientos sociales y ambientales. La discusión será entre la “economía verde”, defendida por los heraldos del neoliberalismo, y la “economía solidaria”, propuesta por quienes creen que no habrá preservación ambiental sin la superación del modelo actual de desarrollo predatorio basado en la acumulación privada de riqueza.
Constata la ONU que, aunque haya habido mejoría en los apartados salud y educación, comparados con las décadas anteriores, todavía hoy cerca de 900 millones de personas carecen de acceso al agua potable, y 2 mil 600 millones no disponen de saneamiento básico (en el Brasil 34.5 millones de personas viven sin ese derecho elemental, según el IPEA).
La desigualdad entre ricos y pobres se profundiza, informa el documento. Más de 900 millones de personas (el 13 % de la población global) sobreviven en extrema pobreza, y apenas 17 millones habrán salido de dicho estado de penuria en el 2015 (véase Banco Mundial, “Estado del futuro 2011”).
El Proyecto Milenio llama la atención acerca de la importancia de promover el desarme, reducir el consumo de energía proveniente de combustibles fósiles y combatir la corrupción y el narcotráfico. La ONU calcula que el crimen organizado mueve anualmente más de US$ 300 mil millones, el doble del presupuesto militar del mundo. Y cálculos del Banco Mundial indican que los sobornos llegan a US$ 100 mil millones por año.
Para el Proyecto Milenio los gobiernos deben poner en práctica medidas educacionales y de transparencia a fin de contener la corrupción. Las familias y las escuelas necesitan inculcar en los más jóvenes el horror a la falta de ética y la autoestima basada en el carácter. Las empresas ya empiezan a premiar con salarios extras a los funcionarios que, en el sistema de llame-denuncie, señalan la corrupción de sus colegas. Y es necesario aumentar el control de la sociedad sobre la administración pública, tal como sucede con la Ficha Limpia en el Brasil.
Para ajustarse a los objetivos del Proyecto Milenio nuestro país clama por reformas: política, judicial, agraria y tantas otras que corrijan los desmadres que todavía imperan, como residuos de una mentalidad colonialista que consideraba ciudadanos sólo a aquellos que tenían propiedades. (Traducción de J.L.Burguet)

Frei Betto es escritor, autor de “El amor fecunda el Universo. Ecología y espiritualidad”, junto con Marcelo Barros. http://www.freibetto.org twitter:@freibetto



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